New Hope in Honduras?

by Mirta Kennedy, Honduras

After four years of the coup d’etat in June 28th 2009, Honduras has become known internationally as the most violent country in the world with a homicide rate of 85.5 murders per 100,000 inhabitants and as the most dangerous for women. Women’s organizations and feminists have denounced the relentless increase of femicides. According to the National Observatory of Violence, violent deaths of women has tripled in these four years, with 606 victims in 2012. Impunity and the disastrous performance of the justice system increase the vulnerability of women to male violence.  Of the 3,124 violent deaths of women in the last decade, only 5% have been investigated and prosecuted. Femicide victims are most often young women between 16 and 30 years of age who have been killed with firearms.

The irruption of new scenarios and actors has made the solution of the problem more difficult. We find that added to the violence women experience in the couple, the family, and the most intimate sphere, we now have the public violence that occurs in contexts of drug trafficking and organized crime, migration, gangs, political violence, militarization, and the dispossession of territories.

The presence of networks of drug traffickers, gangs, hitmen, and bands of organized crime that control poor urban neighborhoods in the big cities and in the countryside does not allow in particular women to move freely to go to work, be with their families and work in their communities. They are afraid to become victims of robberies, extorsion, sexual assaults or targets of vendettas against third parties and recruitment of their children and themselves.

Instigated by the US war on drugs in the last four years, drug trafficking has become the main argument to reinforce the purchase of arms and militarization. Internal security has been put in the hands of the military and private security companies and the possession of arms. In Honduras, an individual can own legaly five firearms. The proliferation of weapons, private security companies, and the military occupation of urban and rural communities does not protect women, in the contrary, more reports link sexual assault, rape, abuse of authority, harassment, violent assaults, femicide, and the murder of youths to this presence of the military that puts women in mourning. The corruption inside the institutions in charge of fighting crime has forced recently the intervention of the police and the district attorney office and to discharge judges. This has made evident that the root of impunity is the infiltration of organized crime in the state’s institutions.

A new form of violence against women has emerged in the context of ultra neoliberal policies implemented by the post coup government that promote foreign investment and the exploitation of natural resources in detriment of local interests. National and foreign corporations are allowed to encroach the ancestral territories of the indigenous and Garifunas, and peasant communities for the large scale exploitation of monocultures, mining, hydroelectric plants, and tourism without previous consultation in violation of the 169 ILO Convention suscribed by Honduras. The communities and women suffer all kinds of repression and aggression in their struggles of resistance against the dispossession of their territories because of the intimidation and the use of force of private security guards, hitmen, and even the national police. Community leaders are criminalized, persecuted and imprisoned as well as the human rights defender that accompany them. Among the most  well-known and persecuted social activists are Berta Caceres, Magdalena Morales, and Miriam Miranda.

A new hope arose in the light of the elections of November 24th, 2013 in Honduras. The women’s movement and feminists had been able to negotiate a platform of urgent measures with the only and first female candidate in the history of the nation. Unfortunately, as we have been able to witness the electoral fraud that most had anticipated seems to be a reality. November 25th, the International Day on Non-violence Against Women went unnoticed. The attention of the majority of the population is centered around the electoral fraud. Feminists are faced with the need to promote an agenda for a humane and integral security of the citizenship, demilitarization, a focus on the violence against women, an end to impunity under a new administration that continues the agenda of the coup d’etat and a military and police forces the emerge with greater strength.

Mirta Kennedy, is founding member of Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (Center of Women’s Studies-Honduras), feminist and women’s rights defender, researcher, and consultant for national and international organizations. She has coordinated and participated in several research projects on prevention and violence against women in Honduras and the Central American region. She is author of numerous articles on the subject.

* Translated from Spanish to English by Breny Mendoza

Nueva Esperanza en Honduras?

por Mirta Kennedy, Honduras

A cuatro años del golpe de Estado el 28 de junio, 2009, Honduras  cobró notoriedad internacional como el país más violento del mundo, con una tasa de 85.5 homicidios por cien mil habitantes, y como uno de los más inseguros para las mujeres. Las organizaciones de mujeres y feministas han denunciado la incesante escalada de femicidios. Según el  Observatorio Nacional de la Violencia  las muertes violentas de mujeres se triplicaron en el período,  con 606 víctimas en 2012. La impunidad y la pésima actuación de la justicia acrecientan la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia sexista; de un total de 3124 muertes violentas de mujeres ocurridas en la última década, menos de un 5%  fueron investigadas y judicializadas. Las  víctimas más frecuentes de femicidio, son las mujeres jóvenes entre 16 a 30 años de edad y el principal instrumento de agresión es el arma de fuego.

La irrupción de nuevos escenarios  y actores ha complejizado el abordaje del problema.  A la violencia contra las mujeres  en el ámbito de  la pareja, la familia, y en el entorno cercano,   se impone ahora  la violencia pública en los contextos del narcotráfico y el  crimen organizado, la migración, las maras,  la violencia política, la militarización,  y el  despojo de territorios.

La presencia de las redes de narcotráfico, maras, sicarios, y bandas del crimen organizado, controlando  los barrios de los sectores populares en las grandes ciudades, y  áreas rurales no permiten en especial a las mujeres desplazarse libremente y desarrollar sus actividades laborales, familiares y comunitarias, por miedo a ser víctimas de robos, extorciones, hostigamiento y agresiones sexuales, o el blanco de las venganzas y cobros de cuenta contra terceros, y del   reclutamiento de mujeres y niños.

Alentado por la estrategia de EEUU de lucha contra las drogas, en los últimos cuatro años, el combate al narcotráfico ha sido el argumento para reforzar  el armamentismo y la militarización del país.  Se ha puesto la seguridad  interna en manos de militares y empresas de seguridad privada y la circulación de armas. En Honduras, individualmente se pueden adquirir 5 armas legalmente. La proliferación de armas,  de fuerzas de seguridad privada y  la ocupación militar de las comunidades urbanas y rurales, no significan seguridad para las mujeres, por el contrario,  son frecuentes las denuncias de abusos sexuales, violación, abuso de poder, hostigamiento, agresiones, femicidios,  y asesinatos de jóvenes, que se vincula con esa presencia militar y que enluta a las mujeres.   La corrupción en las instituciones públicas encargadas del combate a la delincuencia,  obligó recientemente a la intervención de la Policía y de la Fiscalía,  y a la destitución de jueces, poniendo en evidencia la raíz de la impunidad por la grave penetración del crimen organizado en las  estructuras del estado.

Un nuevo ámbito de violencia contra las mujeres  ha sido favorecido por medidas económicas ultra liberales tomadas por el gobierno pos golpe de Estado, que  promueven la inversión extranjera y la explotación  de los recursos naturales por encima de los intereses locales. Se permite el  avance  de las empresas nacionales e internacionales sobre los territorios indígenas  y garífunas  ancestrales,  y comunidades campesinas,  para la explotación de monocultivos, minería, hidroeléctricas y turismo a gran escala,  sin previa consulta, en violación al Convenio 169 de la OIT suscrito por Honduras. Utilizando la intimidación y la violencia de las fuerzas de seguridad privadas, sicarios, e incluso de las fuerzas de seguridad del Estado,  las comunidades y las mujeres sufren represión y agresiones de todo tipo, en sus luchas de resistencia a la desposesión de sus territorios. Las líderes de las organizaciones son  criminalizadas, perseguidas y encarceladas, así como las organizaciones y defensoras de los derechos humanos, que las acompañan. Entre las luchadoras sociales mas perseguidas están Berta Cáceres, Magdalena Morales, y  Miriam Miranda.

Una esperanza se abrió en el contexto de las elecciones en Honduras, el 24 de noviembre 2013. El movimiento de mujeres y feministas había logrado negociar una plataforma de medidas urgentes con la única y primera candidata mujer a la presidencia en la historia del país. Sin embargo, como hemos podido presenciar el fraude electoral que de antemano se había anunciado parece haberse hecho realidad. El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, transcurrió en Honduras sin ninguna relevancia. La atención de gran parte de la ciudadanía está concentrada en la denuncian fraude y corrupción. Las feministas se enfrentan al reto de impulsar una  agenda por una seguridad ciudadana humana e integral, desmilitarización, atención de la violencia contra las mujeres, y alto a la impunidad, ante una nueva administración de gobierno,  con una agenda de gobierno de continuidad con el golpe de Estado y un aparato militar y policial fortalecido.

 Mirta Kennedy, es cofundadora del Centro de Estudios de la Mujer-Honduras, feminista,  activista por los derechos humanos de  las mujeres, investigadora y consultora de organismos internacionales y nacionales.  Ha coordinado y participado en diversas investigaciones sobre violencia contra las mujeres en Honduras y la región centroamericana. Es coordinadora de programas de prevención y autora de varias publicaciones en el tema.

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